La coach deportiva, Araceli Acuña. conversó sobre la presión en los deportes, el peso de las redes sociales y por qué la autoexigencia solo funciona cuando hay ilusión de por medio.


El deporte de alto rendimiento suele ser visto como una demostración de fuerza física, técnica y estrategia. Sin embargo, cuando las luces del estadio se apagan y los gritos de la hinchada cesan, queda el deportista frente a su propia mente. En una charla profunda en Pensando de Mas, Araceli Acuña Talavera, coach de deportistas de alto rendimiento,  analizó las complejidades del acompañamiento mental en el mundo del fútbol y el atletismo.

Acuña, quien fue atleta de hockey y atletismo antes de dedicarse a la psicología aplicada, entiende muy bien el terreno que pisa. “El objetivo es acompañar de la manera más humana posible, sosteniendo al deportista tanto en los éxitos como en las derrotas”, afirma, marcando la diferencia entre el apoyo que puede dar un familiar y el acompañamiento profesional que requiere la élite deportiva.

El fútbol: un ecosistema de presión extrema

Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue la radiografía que Araceli hizo sobre el fútbol profesional. A diferencia de otros deportes, la exposición en el fútbol es masiva y constante, lo que altera la gestión emocional de los jugadores.

“El que fue deportista nunca te va a dar palo, porque sabe lo que es estar dentro de una cancha”, reflexionó Acuña sobre las críticas desmedidas que suelen recibir los futbolistas.

La experta señaló que una de las mayores dificultades en este ámbito es la falta de redes de apoyo estables dentro de los planteles. Al ser un mercado de pases constante, la rotación de compañeros impide generar los vínculos profundos que se ven en el deporte amateur. Además, observó una brecha de género cultural: “A los hombres les cuesta más soltar el error y expresar sus emociones, mientras que las mujeres suelen comunicarse de forma más abierta”.

El refugio fuera de la pantalla

En tiempos de viralidad inmediata, las redes sociales se han convertido en un factor de riesgo para la salud mental del atleta. La recomendación de Araceli es drástica pero necesaria: no leer comentarios después de un mal desempeño.

“La opinión de alguien detrás de una pantalla no define tu carrera ni tu valor”, sostiene. Para contrarrestar el impacto de la opinión pública, la coach destaca la importancia de las “redes de sostén” reales: la pareja, los hijos y los amigos. Ese entorno es el único lugar donde el deportista puede dejar de ser el “ídolo” o el “culpable” para volver a ser simplemente una persona.

Autoexigencia: ¿Motor o veneno?

La charla también exploró el límite entre el perfeccionismo y la autodestrucción. Para Acuña, la autoexigencia es un motor fundamental para el progreso, siempre y cuando esté alimentada por la ilusión y el disfrute. Cuando el deseo de ganar eclipsa el placer por el juego, la presión se vuelve insostenible.

“Si uno no se valora a sí mismo, nadie le va a inyectar esa valoración desde afuera”, concluyó, subrayando que la resiliencia no se construye en el gimnasio, sino en el trabajo interno diario.

Para poder escuchar la entrevista completa, anda a “Pensando de Más” en Spotify.