Escucharse a uno mismo suena fácil. Pero la mayoría de nosotros pasamos el día entero huyendo de esa voz interna — con el teléfono, con el ruido, con la agenda
llena.
Escucharse no es meditar durante una hora ni irse al campo sin señal. Es algo mucho más cotidiano y, al mismo tiempo, mucho más difícil.
Es notar cuando algo te incomoda antes de convencerte de que “no es para tanto”. Es reconocer que estás cansado antes de llegar al límite. Es preguntarte qué querés
vos — no qué esperan los demás, no qué dice la lógica — sino qué querés vos.
La próxima vez que te sientas raro, incómodo, fuera de lugar: no lo tapes. Quedáte un momento ahí. Eso es escucharse.